DIARIO DE UN PERRO PEQUEÑO

DIARIO DE UN PERRO PEQUEÑO

Es complicado vivir en un mundo de gigantes, que se mueven casi siempre de un lado a otro como si su vida estuviese en peligro y constantemente hay que ir de prisa. Viven en una constante huida…o eso me parece. Cuando vamos por la calle es difícil ir atado, esa cuerda que limita mis movimientos casi siempre está tensando mi cuerpo sin apenas posibilidad de moverme más allá de un metro. La cosa se complica cuando, sin saber muy bien cuál es la causa (a veces cuando viene un perro más grande que yo a lo lejos, otras veces no lo tengo tan claro), salgo volando hacia arriba y me inmovilizan en sus brazos.

Hace tiempo que no olfateo nada con detenimiento, ya he desistido, el ritmo al que caminamos es demasiado rápido. Con el tiempo no puedo evitar encontrar cada vez más situaciones que me superan y ladrar histéricamente porque poco más puedo hacer. ¿Qué hacen ellos cuando algo les asusta? Pueden alejarse, es su especialidad, siempre escapan. Otras veces se enfrentan a eso que les asusta. Pero yo no puedo hacer ninguna de las dos cosas. La última vez que me asustó un humano pequeño, de esos que todavía se mueven más deprisa y que gritan y saltan con frecuencia, fui zarandeado del pescuezo y me asustaron aún más de lo que estaba. Antes ya intuía que esos enanos eran peligrosos, pero ahora lo sé con certeza, en su presencia solo pasan cosas que asustan y que me parecen terribles.

Lo de huir es imposible. Ya sé que mi huida no puede ir más allá de un metro. Y que si lo olvido en un intento desesperado de escape, recibiré una sacudida y/o un tirón fuerte de esa corta cuerda que me esclaviza y, probablemente, algún grito o zarandeo.

Cuando nos cruzamos con algún peludo, cada vez me resulta más difícil hablar con él o ser educado. La tensión constante de esa cuerda, el poco espacio para poder ser educado apartándome un poco al acercarnos, ¡me gustaría tanto no ir de frente hacia él!, se podría enfadar, pero no me dejan demasiadas opciones. Me voy poniendo nervioso y acabo otra vez como un histérico, ladrando. El otro peludo al ver mi estado, también suele comenzar a ladrar. Y de nuevo un zarandeo, cuatro gritos y salgo volando hacia arriba, a inmovilizarme en suspensión en sus brazos. Creo que estar cerca de otro perro no es una situación agradable. Me empieza a asustar. La próxima vez estaré más en alerta.

En casa no puedo evitar sentirme a menudo alterado, la mayoría de las veces me sucede cuando el paseo no ha ido muy bien y lo he pasado peor que de costumbre. En esos días estoy mucho más alerta, cualquier ruido me afecta más y no puedo evitar reaccionar como un histérico, ladrando desesperadamente hacia la puerta porque fuera he oído un ruido. Quizás solo era el ascensor de todos los días, pero cuando estoy así, no puedo dejar de pensar que ocurrirá algo peligroso después de ese ruido….

Algunas veces puedo sentirme muy seguro tumbado en el sofá descansando. Otras muchas cuando me quieren acariciar no se dan cuenta que me están inmovilizando, que se abalanzan sobre mí y tengo la sensación de que una montaña va a aplastarme o cuando me acarician en esas partes del cuerpo que no soporto que me toquen. En ocasiones confunden mi cabeza con una toalla y frotan sus manos sobre ella no sé muy bien con que motivo. Me encantaría que alguna vez me escucharan cuando intento explicarles cómo me gustaría que me acariciaran…

Son difíciles de comprender. Me parece que no puedo confiar mucho en ellos, nunca acabo de saber lo que quieren, son poco previsibles. Con frecuencia me sobreexcitan con juegos muy explosivos. Parecen divertidos, me persiguen, luchan conmigo o me lanzan muchas veces algo para que lo persiga. Me animan a estar muy activo y excitado porque siempre hacemos una fiesta para casi todo…. Y casi siempre acaban enfadados conmigo, asustándome con gritos o de nuevo me zarandean porque dicen que no paro quieto y que salgo a la calle muy nervioso…. Si hace un momento me estabas gritando muy contento <¿vamos a la calle?> Lo has repetido varias veces muy excitado y has dicho que soy muy listo que cómo sabía que vamos a pasear. Cuando me contagio de esa excitación que me transmites y no puedo parar o salto, acabas muy enfadado. No lo entiendo, solo estoy nervioso. ¿No les resultaría más sencillo que no me pusieran como una moto? Así nunca acabaríamos tan enfadados.

Hoy ha venido un desconocido a casa, me ha asustado varias veces. Me quedé en un lado, apartado intentando hacerme invisible. Él dijo que ahora yo estaba tranquilo porque ya sabía quién manda. Yo no entendí nada, pero estaba aterrorizado, paralizado. El desconocido dijo que quizás necesitaría ponerme un collar que daba descargas para disciplinarme. Mis dueños se asustaron un poco. Yo también, porque ellos decían que les parece una crueldad. El desconocido dijo que no se preocuparan, que no hace nada que incluso lo podían probar ellos. Pero yo pensaba “No le creáis, si de verdad no hace nada para qué coño me lo quiere poner y cual es el oscuro mecanismo por el que me va a arreglar? ¿Arreglar? Yo no estoy estropeado, pero cada vez estoy más asustado, no me huele nada bien….”

También escuché que decía que todo el problema era que me tratan como a un niño y que eso solo trae problemas. Yo pensé “Ojalá me trataran como a un niño. Ellos nunca permitirían que a su bebé lo tratara el pediatra como me trata a mí el veterinario. Nunca permitirían que el peluquero para cortar el pelo al niño le gritara, zarandeara, atara con una cuerda del cuello y además le dieran alguna bofetada. Nunca permitirían que por la calle unos desconocidos se abalanzaran sobre el niño para estrujarlo…

Eli Hinojosa y Santi Vidal
Asociación para la Prevención de la Agresividad Canina PASEOS