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DERECHO A VIVIR SIN MIEDO

DERECHO A VIVIR SIN MIEDO

El miedo es una emoción primaria común a la mayoría de especies; perrxs, humanxs y el resto de animales compartimos desde el nacimiento la capacidad de sentir miedo. Las experiencias vitales condicionan a qué y en qué medida vivirá cada ser esta emoción, fundamental para nuestra supervivencia, ya que nos advierte de peligros reales o imaginarios y nos permite, en ocasiones, dar respuesta y tomar medidas de protección, ya sean de afrontamiento o de huida.

VIVIR CON MIEDO

Como hemos dicho, la capacidad de experimentar miedo es algo innato, pero los miedos también se aprenden, se condicionan y se instalan en la vida de nuestrxs compañerxs.

La erradicación del miedo es, por lo tanto, algo imposible, por ser una emoción primaria y necesaria para sobrevivir, pero sí podemos trabajar sobre muchos de los estímulos que lo causan, las asociaciones que condicionan ciertos miedos en lxs perrxs, y sobre todo, podemos no añadir extras a la ya bastante estresada vida de lxs perrxs que cuidamos y ayudarles a ser más felices.

Aunque el miedo es una emoción normal y natural, debemos atender a aquellas situaciones específicas donde nuestrx perrx, ante una circunstancia de temor, no sabe o no puede gestionar la realidad que está viviendo y le hace entrar en estado de pánico real.

Es muy importante que entendamos que su sensación de miedo es real, aun cuando los estímulos que le atemorizan sean imaginarios.

Es imposible que lxs perrxs, al igual que sus humanxs, vivamos con total ausencia de miedo. Y está en nuestra mano modificar muchas de las circunstancias y los parámetros que lo provocan, para minimizar sus efectos. Algunas de las causas más comunes de la aparición de miedos vienen de la mano de lxs humanxs en general, pero muy particularmente de lxs que conviven con ellxs y a lxs que tanto aman.

Algunas de esas causas son: correcciones y castigos, amenazas, mal uso de la correa, paseos inadecuados, exposición ante estímulos para los que no están preparados,

falta/exceso de socialización (con personas o con perrxs), separación temprana de la madre y los hermanxs, soledad, experiencias traumáticas, dolor, falta de seguridad (soporte inestable), novedades para las que aún no están preparados, ruidos intensos, abandonos, vida en perreras, alta exigencia y excesivo control por parte de su humanx. Como se ve, muchas de ellas forman parte de nuestra cotidianeidad y se derivan de la falta de conocimiento y comprensión de la especie canina, la más cercana al ser humano a lo largo de la historia.

Lxs perrxs que tienen miedo de manera constante y que no son capaces de gestionar, sufren una serie de alteraciones que les generan malestar y afecta a su naturaleza cooperativa. Depende de la intensidad, pero en general, el miedo afecta a aspectos de su vida tan importantes como el aprendizaje, la comunicación y el lenguaje, de forma que los inhibimos, es decir, dejan de ofrecer comportamientos, sobre todo cuando han sido castigadxs, afectando negativamente a su socialización y al juego. Entre los más llamativos encontramos comportamientos que van más allá de lo que todos identificamos como “perrx miedosx” al ver que mete el rabo entre las piernas, jadea, tiembla, etc. El miedo les paraliza, no les permite investigar su entorno, les vuelve huidizos y puede provocar en ellxs comportamientos agresivos, en muchas ocasiones sin previo aviso, ya que como no nos cansaremos de insistir, el miedo inhibe el lenguaje y la comunicación.

Por lo tanto, la sintomatología va más allá del perrx que “mete el rabo entre las patas”, en muchas ocasiones vemos perrxs hiperactivos, egocéntricos, con claros signos de dependencia hacia su humanx, con estereotipias, en indefensión aprendida, y como ya hemos mencionado, con comportamientos agresivos.

“Podríamos afirmar que el 100% de las agresiones de perrxs a personas tienen su origen en el miedo”. (Fuente: Santi Vidal y Eli Hinojosa).

MENOS MIEDO, MÁS VIDA

Como hemos dicho, las experiencias marcan a qué y en qué medida cada individuo vive sus miedos. Indudablemente, la intervención humana es un factor determinante en las vivencias de nuestrxs perrxs.

Lxs perrxs que han sufrido experiencias traumáticas suelen mostrar algunos o muchos de los síntomas que reconocemos para diagnosticar el miedo. A menudo encontramos que esas experiencias tienen que ver con adiestramientos aversivos (incluido el uso de determinados instrumentos), mala elección y/o uso de elementos de paseo tales como, collares de ahogo, de impulsos (prohibidos por ley en alunas Comunidades Autónomas, por ejemplo en Madrid) correas cortas, etc., abandonos, vida en perreras, compañías incorrectas, agresiones, dolor, amputaciones, actividades inadecuadas, alta exigencia por parte de sus humanxs (tanto en el aprendizaje, como en la convivencia), los castigos, creencias en torno a la teoría de la dominancia, desconocimiento del mundo del perrx y su lenguaje, desprecio hacia la especie canina por considerarla inferior y una larga lista de situaciones que cualquiera podríamos describir como agresivas para un perrx.

Más aun, en nuestro día a día, lxs humanxs somos muy poco educadxs con nuestrxs compañerxs de vida. Comportamientos que entendemos como cotidianos y que no apreciamos como muestras de poca consideración o directamente agresiones hacia lxs peludxs y que, desgraciadamente, les provocan mucho miedo. Nuestra falta de paciencia, dar por hecho que lxs perrxs deben entender y acatar nuestras “órdenes”, que deben saber lo que esperamos de ellxs en todo momento, etc. en definitiva, NO DEJARLES SER PERRX, hace que el día a día de muchxs perrxs esté cargado de estrés y, por lo tanto, de miedo.

Lxs perrxs nos lo ponen muy fácil en esto de la convivencia y no es tan complicado no añadir miedos a su existencia y así darles una vida feliz. No hay secretos, sólo tenemos que practicar el respeto y la empatía.

Respeto viene de la palabra latina “respectus” que significa “atención”, “consideración”. El respeto es un sentimiento positivo que equivale a tener aprecio y reconocimiento. Debería ser mutuo, de manera que para ser respetado es imprescindible saber respetar.

Empatía, de origen griego, “empátheia” significa “emocionado”, y se define como la intención de comprender los sentimientos y emociones de otro individuo, intentando comprender lo que este siente.

Lxs perrxs se adaptan a la vida que les damos, se esfuerzan por entender nuestro lenguaje verbal y corporal, viven rodeados de estímulos en absoluto adecuados a su naturaleza y además soportan nuestrx mal trato, aunque eso les lleve a vivir con preocupación y con miedo.

Tanta generosidad, merece ser correspondida. Dejar de añadir experiencias aversivas: tirones, gritos, castigos, etc. a su día a día puede ser un buen comienzo. Porque todos esos comportamientos humanos son tan cotidianos como agresivos para lxs perrxs, y todos ellos, provocan, más pronto que tarde, MIEDO.

Minimicemos al máximo las situaciones de miedo que pueda vivir nuestrx perrx, y si no hemos sido lo suficientemente previsores, saquémosle de esa situación con calma y sin añadir nada aversivo. Seamos buenos referentes de seguridad para ellxs.

Una vida libre de miedos, es una vida mucho más plena, mucho más perra.

#DerechoAVivirSinMiedo

Rebeca Gómez y Marga Puerta
Asociación para la Prevención de la Agresividad Canina PASEOS

Golpe de calor

Golpe de calor

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El golpe de calor es una subida de la temperatura corporal que puede dañar seriamente las funciones fisiológicas de tu perro.

Los perros eliminan el calor mediante el jadeo, las almohadillas de los pies, la trufa, y algunas zonas con poco pelo. La temperatura corporal de un perro está entre 38ºC y 39ºC en adultos y 39ºC en cachorros, si el perro alcanza los 40ºC de temperatura está en fase de hipertermia, y si llegara a los 42ºC, estaríamos hablando de alto riesgo de golpe de calor.

En este momento, podremos observar en nuestro perro, síntomas de decaimiento, falta de fuerza muscular y movilidad, coloración azulada de la piel por falta de oxígeno, respiración acelerada, aumento del ritmo cardiaco, alteración en la salivación y mucosas, y movimientos tambaleantes.

El golpe de calor puede provocar una pérdida considerable de azúcares y sales minerales, manchas en la piel, insuficiencia hepática y renal, hemorragia gastrointestinal, fallo de órganos vitales, incluso la muerte.

Lo que no debemos hacer: No bajar la temperatura de golpe y no cubrir su cuerpo.

Lo que podemos hacer: Ponerle en un lugar fresco, humedecer la cabeza y el cuello con agua no muy fría, especialmente en la zona de la nuca, humedecerle la boca sin que beba demasiado y aplicar hielo en nariz y axilas.

Precauciones: Es importante que la temperatura baje de manera gradual, nunca de golpe, sólo así conseguiremos rehidratar su cuerpo y recuperar azúcares y sales minerales perdidas en el proceso.

Cuando la respiración se estabiliza, le mantendremos encima de una tolla húmeda hasta que podamos llevarlo al veterinario.

Nuestra Responsabilidad: No debemos olvidar que tenemos la obligación de evitar que esto suceda. En tan solo 10 minutos encerrado en un coche, tu perro puede morir. Las temperaturas altas, la falta de sombra o de agua fresca, favorecen el fatal desenlace. Pero además, debemos tener en cuenta que hay otros factores de riesgo como: la edad, las enfermedades respiratorias y cardiacas, el exceso de peso, el pelo largo y/u oscuro o las razas braquicéfalas (tipo bulldog, bóxer).

No lo olvidemos, la prevención es la mejor herramienta, para proteger la salud de nuestro perro.

Marga Puerta

Sobre la soledad

Sobre la soledad

sobre la soledad

 

Los perros no nacen diseñados para estar solos, lo cual no quiere decir que no puedan aprender a dar normalidad a la soledad. Simplemente debemos tener en cuenta que este aprendizaje, por ser tan antinatural, debería producirse de forma gradual y ausencia total de miedo en todo el proceso.

 Para las personas resulta difícil entender que el perro no lleve de serie la comprensión del encierro o el quedarse solo, tampoco somos sensibles a la falta de equilibrio entre lo que aporta nuestra constante interacción con ellos cuando estamos en casa y la completa ausencia de vida en la casa con nuestra partida.

 Un mal aprendizaje sobre como quedarse solos en casa deriva en patologías graves como la ansiedad por separación.

 Seguro que alguna vez escuchasteis la idea de que al adoptar a un perro o cuando llega un cachorro nuevo a casa es importante que desde el primer día conozca las reglas de la casa. Nada más lejos de la realidad, tenemos toda una vida para que aprenda esas reglas. Lo que de verdad necesitan en su nuevo hogar es conocerlo, adaptarse de forma gradual y sobre todo para que esa adaptación sea óptima necesitan sentirse seguros en el nuevo entorno.

 El consejo “guárdale en la cocina o en su habitación y si ladra no le abras, aunque rasque o aúlle hasta que no esté callado” es la mejor manera de enseñarle que cuando se sienta inseguro da igual lo que haga, su conducta no puede ayudarle a controlar el entorno que le atemoriza.

 La mayoría de entrenadores piensan en condicionamiento instrumental: el perro aprende a que le abran protestando y eso no debe ocurrir, la conducta calmada es la que abre la puerta.

 Pero este planteamiento es simple y lleno de errores. Un planteamiento más adecuado es buscar la raíz de porque ladra y protesta: porque todavía no se siente seguro en soledad y no entiende nada de lo que está pasando con su vida, en un lugar desconocido, con gente desconocida. Esto es la semilla que aumenta la probabilidad de una futura ansiedad por separación, cuando en el futuro tenga algún altibajo emocional, el miedo registrado en esa etapa pudiera crecer y renacer ante la perspectiva de quedarse solo en casa.

 Los consejos preventivos son fáciles de entender si utilizáis la empatía y el sentido común:

  • Intentar no dejar solo al recién llegado los primeros días. Mucha compañía y baja interacción. Hablarle de forma calmada, sin sobreexcitarlo y olvidarnos de cualquier exceso es un buen comienzo. Darle espacio y tiempo para que conozca la casa al ritmo que necesite.
  • Cuando él elija quedarse en algún lugar descansando, dejarle tranquilo y pasar de él.
  •  Aprovechar pequeños momentos para enseñarle gradualmente a no seguirnos por toda la casa, el aprendizaje de la independencia se muestra imprescindible. Cuando vamos a la cocina, al baño etc. Al levantarnos lo hacemos despacio, le mostramos la palma de la mano levantando el brazo y cerramos la puerta al entrar un breve tiempo en la nueva estancia, sin hablarle. Al salir actuamos con naturalidad, sin hablarle ni tocarle, continuamos hacia el salón y nos sentamos a ver la televisión. En poco tiempo el perro aprende que nuestras partidas son breves y que no sucede nada digno de atención. Si el perro muestra independencia y quiere estar solo, podemos aprovecharlo para acelerar el proceso. Si no es así, debemos entenderlo y ser muy graduales. Pasados unos días podemos empezar a guardarle en una habitación que conozca, con un maravilloso hueso, cerrando la puerta un breve espacio de tiempo. El primer paso para aprender a quedarse solo en casa es aprender a quedarse solo en una habitación, estando nosotros en la casa. Ese tiempo breve al principio, lo vamos extendiendo y cada vez es más natural y normal quedarse un tiempo solo.
  • Finalmente planificamos partidas cortas, en las que probablemente nuestro cachorro o perro adoptado entiende perfectamente que no pasa nada por quedarse solo en un entorno que conoce y en el que se siente seguro.
  • Un último consejo. No castigues nunca a los perros y mucho menos con soledad. Si le encierras como castigo, estarás enseñándole que cada vez que se quede guardado o solo es algo terrible.

Santi Jaime Vidal

Perros con correa

Perros con correa

Santi

 

Tenemos tendencia a decir: “He enseñado a mi perro a sentarse, tumbarse o saltar”. La realidad es que no le hemos enseñado nada de eso, ¡ya sabía hacerlo! Lo que en realidad hacemos es poner nombre a esa acción y estimularle a hacerla cuando se lo pedimos. Casi siempre en el adiestramiento hay una base de comportamientos naturales a los que damos forma y ponemos nombre. Pero en la convivencia con perros hay dos comportamientos que necesitan aprender que carecen de esa base natural, son comportamientos que les alejan de su diseño natural. Caminar con correa es el primero y quedarse en soledad el segundo.
El aprendizaje de estos comportamientos requiere de una ausencia total de miedo, porque son comportamientos que en sí mismos por lo expuesto anteriormente, podrían generar miedo. Fijaos un dato: hay un porcentaje alto de perros que presentan problemas graves de conducta cuando se quedan solos, o cuando van atados. Problemas que no suceden en compañía o sueltos.
En este texto hablaremos del paseo atado. ¿Cómo podemos crear una buena asociación de algo tan antinatural como es ir atados?
Cuando sucede un evento que nos asusta, el organismo actúa y rápidamente a través de los mecanismos de estrés está preparado con un plus de energía para huir o pelear. Cuando estás atado la opción huida desaparece, con lo que las opciones quedan limitadas: gritar intentando que el otro se aleje en un intento desesperado de poner distancia entre lo que asusta y nosotros (reactividad) y si no funciona esto, pelear (agresividad). Con frecuencia estos eventos dejan al perro con estrés alto, pese a que el evento ya ha pasado. Ojalá los efectos del estrés solo durasen el minuto que duró el evento, pero la activación puede durar horas, minutos o días. Y empieza a ser frecuente la tensión en la correa, bien de forma aguda reaccionando frecuentemente a casi todo lo que sucede, o de forma permanente la tensión está presente. Por el proceso de aprendizaje de condicionamiento clásico, los perros tienen la posibilidad de anticipar sucesos y muchos perros ya han asociado correa = excitación muy alta o miedo. El resultado es que el paseo ya empieza con estrés demasiado alto y la tensión en la correa desde el primer momento. Algunos perros están todo el recorrido intentando huir sin saber de qué ni a donde. Y es la pescadilla que se muerde la cola, a más excitación y miedo, más tensión de la correa y a mayor tensión, más estrés se genera.
Tras esta introducción para comprender un poco lo que sucede cuando un perro está atado, algunos consejos para mejorar los paseos con un perro atado:
– Las correas largas ayudan a que el perro tenga un margen de movimiento y una mayor posibilidad de comunicarse. Los collares estranguladores o de pinchos están diseñados para molestar o generar dolor. Es una realidad que aumentan sus miedos y muchos perros establecen asociaciones negativas que derivan en problemas. Utiliza collares amables o mejor aún arneses.
– No excites a tu perro a la hora de salir, simplemente coge la correa y guarda silencio, él ya sabe que vais al paseo, no hagas del evento algo aún mayor.
– Evita horas con demasiada actividad de personas o tráfico. Busca unos horarios y unas zonas un poco tranquilas.
– No pienses en el paseo como un transporte del perro de la zona “A” a la zona “B”. Descubrir olores nuevos puede ser algo muy estimulante. Permite e induce a tu perro a olisquear todo lo que puedas. Cuando los perros olisquean pueden abstraerse un poco del entorno demasiado activo visualmente. Lo bueno puede estar aquí, delante de tus narices, no tengamos prisa por llegar a otro sitio.
– Recuerda que la posibilidad de ejercitarse es importante. Incluye en los paseos algún tiempo de poder caminar sin correa, correr o relacionarse con otros perros. Simplemente quita la correa y camina, pero no le induzcas a correr, si lo necesita, lo hará.
– Nunca le obligues a ir hacia algo que le asusta, más al contrario, enseña a tu perro que sabes protegerle de situaciones que le superen, rodeándolas o evitándolas. Enséñale que ir atado no implica no poder escapar, tu referente calmado le ayudará a comprender que casi nada es peligroso, porque tú puedes controlar la situación.
– Si existe tensión en la correa, simplemente párate. En cuanto cesa un segundo, sigue caminando. Curiosamente la respuesta más acertada a porqué un perro tira de la correa es “porque puede”. Cuando no sirve de nada tirar, dejan de hacerlo o baja la intensidad de como lo hacen. El acceso al mundo no pasa por la tensión en la correa. Pero es importante que recuerdes que la correa una herramienta que necesitamos para retener, porque por seguridad o educación, debemos impedir que los perros puedan ir más allá. Pero nunca es una herramienta para corregir o castigar, dando tirones de ella. Esto sería la mejor manera de enseñar a tu perro que el paseo con correa puede ser peligroso o molesto, cuando la idea es que tu perro aprenda que un paseo con correa puede llegar a ser casi tan agradable como ir suelto.
– Para terminar, no conviertas el paseo en un desfile militar. El paseo es para relacionarse con el mundo y satisfacer necesidades físicas, sociales o emocionales. No necesitas que tu perro camine a tu lado salvo en contadas ocasiones. Cuando necesites de verdad que camine junto a ti, enséñale que merece la pena ir cerca de ti, es muy agradable. Hemos visto demasiados propietarios y adiestradores que prefieren enseñarles que es peligroso alejarse de ellos. Y los resultados saltan a la vista: demasiados perros que tienen problemas cuando caminan con correa.

Santi Jaime Vidal

Regalar perros

Regalar perros

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No es una buena idea regalar a los niños un perro en Navidades, los perros no son un juguete.

La probabilidad de que este regalo sea un acto compulsivo, con negativas consecuencias en el futuro, son altas. El futuro podría traer el abandono del perro, o problemas de comportamiento asociados al tipo de trato que los niños realicen hacia el perro, incluyendo la agresividad canina.

 La confusión infantil entre lo que es un juguete y lo que es un ser vivo es frecuente.

Por eso, la mejor opción sería aplazar la llegada del perro en otra época no asociada a regalos como acto responsable y meditado, con la comprensión del niño de que, el recién llegado a la familia, es como un hermano al que debemos todos cuidar, respetar y dar cariño, aceptando las responsabilidades que conlleva y el pacto, sobre todo por parte de los pequeños de la casa, de no molestar, achuchar, besar, abrazar o coger en brazos al perro.

 Una receta que funciona muy bien es que el niño aprenda que lo que no le gusta que le hagan a él, no hacerlo a los demás, desarrollemos a los niños en el ejercicio de la empatía.

Cuando enseñamos a un niño a respetar a los perros, le estamos formando para que en su adultez respete a las personas.

Santi Jaime Vidal