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Perros con correa

Perros con correa

Santi

 

Tenemos tendencia a decir: “He enseñado a mi perro a sentarse, tumbarse o saltar”. La realidad es que no le hemos enseñado nada de eso, ¡ya sabía hacerlo! Lo que en realidad hacemos es poner nombre a esa acción y estimularle a hacerla cuando se lo pedimos. Casi siempre en el adiestramiento hay una base de comportamientos naturales a los que damos forma y ponemos nombre. Pero en la convivencia con perros hay dos comportamientos que necesitan aprender que carecen de esa base natural, son comportamientos que les alejan de su diseño natural. Caminar con correa es el primero y quedarse en soledad el segundo.
El aprendizaje de estos comportamientos requiere de una ausencia total de miedo, porque son comportamientos que en sí mismos por lo expuesto anteriormente, podrían generar miedo. Fijaos un dato: hay un porcentaje alto de perros que presentan problemas graves de conducta cuando se quedan solos, o cuando van atados. Problemas que no suceden en compañía o sueltos.
En este texto hablaremos del paseo atado. ¿Cómo podemos crear una buena asociación de algo tan antinatural como es ir atados?
Cuando sucede un evento que nos asusta, el organismo actúa y rápidamente a través de los mecanismos de estrés está preparado con un plus de energía para huir o pelear. Cuando estás atado la opción huida desaparece, con lo que las opciones quedan limitadas: gritar intentando que el otro se aleje en un intento desesperado de poner distancia entre lo que asusta y nosotros (reactividad) y si no funciona esto, pelear (agresividad). Con frecuencia estos eventos dejan al perro con estrés alto, pese a que el evento ya ha pasado. Ojalá los efectos del estrés solo durasen el minuto que duró el evento, pero la activación puede durar horas, minutos o días. Y empieza a ser frecuente la tensión en la correa, bien de forma aguda reaccionando frecuentemente a casi todo lo que sucede, o de forma permanente la tensión está presente. Por el proceso de aprendizaje de condicionamiento clásico, los perros tienen la posibilidad de anticipar sucesos y muchos perros ya han asociado correa = excitación muy alta o miedo. El resultado es que el paseo ya empieza con estrés demasiado alto y la tensión en la correa desde el primer momento. Algunos perros están todo el recorrido intentando huir sin saber de qué ni a donde. Y es la pescadilla que se muerde la cola, a más excitación y miedo, más tensión de la correa y a mayor tensión, más estrés se genera.
Tras esta introducción para comprender un poco lo que sucede cuando un perro está atado, algunos consejos para mejorar los paseos con un perro atado:
– Las correas largas ayudan a que el perro tenga un margen de movimiento y una mayor posibilidad de comunicarse. Los collares estranguladores o de pinchos están diseñados para molestar o generar dolor. Es una realidad que aumentan sus miedos y muchos perros establecen asociaciones negativas que derivan en problemas. Utiliza collares amables o mejor aún arneses.
– No excites a tu perro a la hora de salir, simplemente coge la correa y guarda silencio, él ya sabe que vais al paseo, no hagas del evento algo aún mayor.
– Evita horas con demasiada actividad de personas o tráfico. Busca unos horarios y unas zonas un poco tranquilas.
– No pienses en el paseo como un transporte del perro de la zona “A” a la zona “B”. Descubrir olores nuevos puede ser algo muy estimulante. Permite e induce a tu perro a olisquear todo lo que puedas. Cuando los perros olisquean pueden abstraerse un poco del entorno demasiado activo visualmente. Lo bueno puede estar aquí, delante de tus narices, no tengamos prisa por llegar a otro sitio.
– Recuerda que la posibilidad de ejercitarse es importante. Incluye en los paseos algún tiempo de poder caminar sin correa, correr o relacionarse con otros perros. Simplemente quita la correa y camina, pero no le induzcas a correr, si lo necesita, lo hará.
– Nunca le obligues a ir hacia algo que le asusta, más al contrario, enseña a tu perro que sabes protegerle de situaciones que le superen, rodeándolas o evitándolas. Enséñale que ir atado no implica no poder escapar, tu referente calmado le ayudará a comprender que casi nada es peligroso, porque tú puedes controlar la situación.
– Si existe tensión en la correa, simplemente párate. En cuanto cesa un segundo, sigue caminando. Curiosamente la respuesta más acertada a porqué un perro tira de la correa es “porque puede”. Cuando no sirve de nada tirar, dejan de hacerlo o baja la intensidad de como lo hacen. El acceso al mundo no pasa por la tensión en la correa. Pero es importante que recuerdes que la correa una herramienta que necesitamos para retener, porque por seguridad o educación, debemos impedir que los perros puedan ir más allá. Pero nunca es una herramienta para corregir o castigar, dando tirones de ella. Esto sería la mejor manera de enseñar a tu perro que el paseo con correa puede ser peligroso o molesto, cuando la idea es que tu perro aprenda que un paseo con correa puede llegar a ser casi tan agradable como ir suelto.
– Para terminar, no conviertas el paseo en un desfile militar. El paseo es para relacionarse con el mundo y satisfacer necesidades físicas, sociales o emocionales. No necesitas que tu perro camine a tu lado salvo en contadas ocasiones. Cuando necesites de verdad que camine junto a ti, enséñale que merece la pena ir cerca de ti, es muy agradable. Hemos visto demasiados propietarios y adiestradores que prefieren enseñarles que es peligroso alejarse de ellos. Y los resultados saltan a la vista: demasiados perros que tienen problemas cuando caminan con correa.

Santi Jaime Vidal

Regalar perros

Regalar perros

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No es una buena idea regalar a los niños un perro en Navidades, los perros no son un juguete.

La probabilidad de que este regalo sea un acto compulsivo, con negativas consecuencias en el futuro, son altas. El futuro podría traer el abandono del perro, o problemas de comportamiento asociados al tipo de trato que los niños realicen hacia el perro, incluyendo la agresividad canina.

 La confusión infantil entre lo que es un juguete y lo que es un ser vivo es frecuente.

Por eso, la mejor opción sería aplazar la llegada del perro en otra época no asociada a regalos como acto responsable y meditado, con la comprensión del niño de que, el recién llegado a la familia, es como un hermano al que debemos todos cuidar, respetar y dar cariño, aceptando las responsabilidades que conlleva y el pacto, sobre todo por parte de los pequeños de la casa, de no molestar, achuchar, besar, abrazar o coger en brazos al perro.

 Una receta que funciona muy bien es que el niño aprenda que lo que no le gusta que le hagan a él, no hacerlo a los demás, desarrollemos a los niños en el ejercicio de la empatía.

Cuando enseñamos a un niño a respetar a los perros, le estamos formando para que en su adultez respete a las personas.

Santi Jaime Vidal

Dar cariño a un perro

Dar cariño a un perro

 

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Casi siempre que acariciamos a un perro y queremos darle cariño, tenemos tendencia a hacerlo de forma imprevisible para él, de forma invasiva o cuando está muy excitado. Pocas veces paramos a pensar en cómo le gustarían a él esas muestras de cariño y en realidad nos salen de forma automática y sin evaluar qué piensa la otra parte de ese contacto.

 Los abrazos, besos o caricias bruscas no siempre les gustan a los perros. Es más, en ocasiones les incomoda y les puede hacer creer que son peligrosas (la inmovilización en algunos perros les evoca a peligro).

 Piensa antes de acariciar a un perro como hacerle previsible esa muestra de cariño, en no sobreexcitarle y en qué zonas y como le gustan las caricias. Hacerlo suavemente, rascando un poco y detenernos nos puede dar pistas sobre si le está gustando y cómo hacerlo.

 A fin de cuentas, le acariciamos para él. ¿O quizás solo estamos pensando en nosotros?

Santi Jaime Vidal